Efecto del aumento de precio del petróleo en Latinoamérica

Cuando ocurre algún conflicto importante en el mundo, como la guerra entre Rusia y Ucrania, este trae un efecto inmediato que es que las bolsas de valores se disparen, los activos de alto riesgo se desplomen y suban los ‘commodities’ como el oro y el petróleo

Sin haber acabado la crisis generada por la pandemia que ha azotado al mundo entero y que, a decir del Fondo Monetario Internacional (FMI), traería como consecuencia una crisis económica y social muy desigual donde los más afectados serían los países pobres. Estos, además, son los que más exportan productos, pues su producción interna es menor a la demanda de su población; en nuestro continente, la mayoría se encuentra dentro de ese renglón. Es en este escenario que llega la guerra entre Rusia y Ucrania.

Cuando ocurre algún conflicto importante en el mundo, este trae un efecto inmediato, que es que las bolsas de valores se disparen, los activos de alto riesgo se desplomen y suban los commodities como el oro y el petróleo. Pero si esta guerra es de magnitudes importantes y se involucra un país productor o exportador de petróleo, el efecto es mucho más fuerte, sube esta materia prima y sus derivados de manera desproporcionada ante la posibilidad de una escasez de la misma, ya que los países que son altamente importadores de combustible comienzan a revisar sus reservas y aceleran la compra del mismo.

Pero si a esta situación le sumamos que uno de los países involucrados es el segundo mayor exportador de petróleo del mundo después de Arabia Saudí, y a ese país se le imponen sanciones internacionales que afectan no solo su producción, sino además su comercialización hacia los países “clientes” del mismo, es allí donde todo confluye para que el precio del combustible en todas sus presentaciones se dispare a niveles históricos.

Ahora, ¿cómo afecta esta situación al panorama latinoamericano? ¿Cómo afecta a los países importadores y no productores de petróleo? ¿Cómo afecta a las naciones productoras y exportadoras de petróleo?

Lo primero que debemos recordar es que nuestra región se enfrenta a una crisis económica producto de la pandemia, el cierre de la mayoría de los países de Latinoamérica por el confinamiento ordenado para evitar la propagación del virus, el tiempo mientras se estudiaba y se alcanzaba el efecto rebaño para regresar a la normalidad, trajo consecuencias económicas, sociales, sanitarias y humanas nunca antes vistas. A pesar de que el año 2021 se sintió como un año de reactivación económica, el crecimiento de los países no fue superior a los crecimientos que venían dándose antes de la pandemia.

Si a este proceso inflacionario le sumamos el incremento de los precios de productos derivados del petróleo, obviamente hará que se acelere la inflación que ya venía galopando, pues las perspectivas no son nada alentadoras. Quizás a simple vista se vea el aumento del crudo y los granos por la guerra Rusia-Ucrania, como una ventaja para América Latina, pero no olvidemos que esto es el inicio de una escalada de precios de todos los productos e insumos, ya que podríamos decir que “todo nace en torno al petróleo”: transportes, fertilizantes, materias primas, fabricación, etc; todo está relacionado con el combustible.

Para tener una idea de lo que estamos hablando, podríamos decir que este año arrancó con un precio del petróleo de US$78,00 por barril; al 24 de febrero, fecha en que empezó la invasión a Ucrania por parte de Rusia, el precio subió un 30% pasando a cotizarse en US$101,22 por barril; y el punto más alto lo ha alcanzado el 7 de marzo, cuando llegó a US$121,09 por barril. Es decir, un aumento de más del 55%, lo que representa subidas de precio no vistas desde el año 2014.

Visto desde afuera, pareciera que para nuestra región el efecto de la guerra Rusia-Ucrania no puede ser tan importante, ya que según cifras del Banco Mundial (BM) la porción de Rusia en la balanza comercial latinoamericana es pequeña. Moscú importa apenas el 3,18% de lo que consume y exporta el 1,48% a América Latina. Pero no hay que olvidar que tanto Rusia como Ucrania son dos de los más grandes exportadores de granos y petróleo del mundo, por lo que no es casualidad que estos sean los dos productos que más han subido en los últimos meses, a causa de los temores ante una escasez por la guerra y por las sanciones al comercio de Rusia.

Es innegable que toda esta situación afectará a nuestra región, la cual tiene una tasa promedio inflacionaria superior al 8% anual, con países donde la misma supera el 50% y algún otro país con hiperinflación.

El gerente para Latinoamérica de Petróleos y Mercados de Refinanciación de la Consultora Wood-Mackenzie, Ixchel Castro, ha indicado que “un mayor precio en el petróleo va a tener implicaciones tanto del lado de la oferta como de la demanda. Hay envíos muy limitados de crudo ruso a la región latinoamericana, pero evidentemente cualquier disrupción en la oferta global tiene impacto en el resto de los crudos. Asimismo, indica que “buena parte de nuestros países de la región siguen siendo importadores de crudo y van a ver un impacto de precios más altos para sus consumidores; […] un impacto sostenido en estos precios, sin ningún tipo de intervención gubernamental, puede impactar no solo el precio del combustible sino toda la cadena de valor, que son los alimentos, materias primas, etc”.

De hecho, según un estudio presentado por Bloomberg Línea, Paraguay ha aumentado los precios de combustible en un 70% desde el inicio del conflicto armado; por su parte, Ecuador lo aumentó en un 8%, Argentina un 9,5%, Brasil un 19%. En el caso de México, la estatal Petrobras anunció aumentos de la gasolina y el diésel de 18,8% y 24,9%, respectivamente. El caso de México, así como podría ocurrir en Colombia y Venezuela, aunque son países productores de petróleo, no les exime, en mayor o menor grado, de la necesidad de importar productos ya refinados, por cuanto pueden exportar crudo e importar refinado.

Según Luciano Codeseira, director de la consultora Gas Energy Latinoamérica para Argentina y socio ejecutivo de Ceibo Growth Strategies, “los que se pueden ver beneficiados por el alza del precio del petróleo son Guyana, con el desarrollo de sus campos offshore, el avance de la explotación y exportación de ese petróleo; y también Brasil, donde venía en alza la producción exportable de crudo”. Asimismo, considera que para el caso de Bolivia, podría verse beneficiada en una mejora en los precios por cuanto los contratos de exportación de gas están atados al crudo, aunque el país “está viviendo en estos momentos un proceso de reducción de las exportaciones de gas y aumento de las importaciones de gasoil, con lo cual le va a terminar afectando en la cuenta final”.

Fernando Valle, analista senior de petróleo y gas de Bloomberg Intelligence en Nueva York, señala que “La energía es la base para todo, entonces cuando elevas ese precio también se eleva el precio de las exportaciones”, y es por eso que para países solo importadores de petróleo como Perú y Chile, este aumento global de la materia prima podría representar un impacto bastante considerable en su economía y una escalada en los precios de todos los productos en sus territorios.

En este sentido, la firma consultora inglesa Capital Economics ha indicado que esta situación podría representar un mayor endurecimiento de la política monetaria de estos países y conducir a una importante inflación. Para el caso de los países exportadores/importadores como Colombia y Venezuela, quizá sea conveniente aplicar la recomendación del Gobierno de México, quien ha indicado que utilizará los excedentes derivados del alza del precio del petróleo para subsidiar combustible y contener la inflación que se avecina por esta guerra Rusia-Ucrania.

Lo que sí queda claro es que esta guerra apenas está comenzando a generar impactos económicos en nuestra región, que ya venía azotada por las consecuencias de la covid-19, por lo que la escalada de costos a nivel global en materias primas, insumos y fabricación que se avecina, amerita la intervención inmediata y la planificación para enfrentarla por parte de los países de Latinoamérica.

Jamez Hernández, presidente y cofundador de Trust Corporate

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