El trabajo colaborativo definirá la economía del futuro

La aplicación de este modelo se centra en el uso compartido de bienes o servicios, soportado en las fortalezas individuales, la creación colectiva de confianza y el uso de mecanismos de reputación, para optimizar la operación y hacer más eficientes los recursos. El desarrollo de las plataformas digitales extiende su alcance y beneficia cada vez a un mayor número de personas

La economía colaborativa es un modelo de ayuda mutua entre diferentes personas y organizaciones, que tienen necesidades complementarias y quienes encuentran un beneficio en el uso compartido de recursos, conocimientos o bienes, haciendo parte de una disrupción ante los modelos económicos convencionales.

Para Rachel Botsman, líder en el pensamiento global sobre el poder de la colaboración y el intercambio a través de las tecnologías y autora del libro: What’s Mine is Yours: How Collaborative Consumption is Changing the Way We Live”, (Lo que es mío es tuyo: cómo el consumo colaborativo está cambiando la forma en que vivimos), destaca cómo el intercambio entre particulares o empresas de bienes y servicios permiten aprovechar el potencial que tienen cada uno de estos.

La economía colaborativa tomó gran importancia en la era digital, debido al uso de las tecnologías de la información y la comunicación (TIC), y se ve favorecida por el rápido crecimiento en los diferentes modelos de negocio, los cuales están cambiando los hábitos de consumo a nivel mundial y la manera como las personas y las organizaciones se relacionan.

Motor de la reactivación económica regional

El informe de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) y la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal), sobre las ‘Perspectivas económicas para América Latina y el Caribe’, destacó que la transformación digital será el principal motor para la recuperación económica tras la crisis generada por la covid-19. Durante el último año, la región resultó ser la más afectada por la crisis y deberá enfrentar complejos problemas para su reestructuración.

En el caso de Panamá, el Ministerio de Trabajo y Desarrollo Laboral (Mitradel) informó que la tasa de desempleo para 2020 fue superior al 10%. Para el presente año, la Cepal estima que la economía panameña crecerá un 5,5%, gracias a la gradual reanudación de las actividades económicas y a la recuperación prevista en sectores estratégicos del país.

Los emprendedores y mipymes de Latinoamérica serán los grandes motores para la reactivación. En la creación de valor compartido, como protagonistas, deberán liderar las nuevas tendencias de desarrollo colectivo a través de plataformas digitales que abarcan ámbitos que van desde las finanzas, la educación, el medioambiente, la alimentación, la salud, el turismo, entre otros.

La aplicación de modelos económicos compartidos genera numerosos beneficios en la región, reduciendo la huella ambiental, promoviendo el acceso a nuevos servicios y productos, y facilitando una distribución más equitativa de la riqueza.

Igualmente, fomenta valores sociales positivos de intercambio y colaboración a través de la innovación y la tecnología.

La economía colaborativa representa un complemento y un estímulo para sectores de la economía tradicional, ampliando la oferta y promoviendo alternativas innovadoras para el consumidor.

Un modelo de cooperación y competencia

Tal como ocurre con las plataformas de economía colaborativa más conocidas, como el caso de Uber o Airbnb, su modelo está orientado a maximizar el uso de ciertos bienes o servicios (carros e inmuebles), permitiendo un uso eficiente y constante de los activos. En el caso de Panamá, Uber llegó hace seis años, y en la actualidad cuenta con 6,900 conductores y más de 280,000 usuarios.

Ante esta disrupción, existe un concepto naciente y denominado: “Co-ompetencia” que combina las ventajas de la competencia y de la cooperación en una nueva dinámica que puede ser utilizada no solo para generar mayores ingresos a su empresa, sino para cambiar la naturaleza del entorno de negocios a su favor.

Un ejemplo que nos puede ayudar a comprender su impacto es el de BMW y Mercedes-Benz, que buscaron unirse para desarrollar una gama de vehículos autónomos, en un acuerdo que beneficiará a las dos marcas alemanas, al permitirles optimizar sus costos y crear un producto competitivo frente a otros competidores de la industria.

En este sentido, vemos cómo algunas de las grandes empresas se han sumado a este modelo compartido. Chrysler, fabricante de automóviles, invirtió en Carpooling.com; y Avis compró Zipcar (empresa de carsharing). Lo cierto es que los modelos de economía colaborativa tienen un perfil disruptivo que propone una ruptura en la forma como tradicionalmente se han comportado las relaciones y las oportunidades de negocio, crecimiento, y trabajo en equipo.

Beneficios de un esquema incluyente

La era de la economía colaborativa supone un cambio cultural en el que pasamos básicamente de una economía de propiedad y de tenencia a una de acceso. Este modelo ofrece importantes beneficios, como pueden ser:

• Inteligencia colectiva: Fomenta la participación de las personas para que aporten sus habilidades y conocimiento. Es un escenario que reconoce y ayuda a enriquecer los conocimientos mutuos de quienes participan.

• Disminución en los costos: No solo constituye un beneficio financiero para quienes hacen uso del producto o el servicio, sino que también impacta en el resultado final. El negocio consigue optimizar procesos, mejorar la operación, con gran beneficio en el manejo del recurso.

• Aumento del networking: Los intercambios son especialmente importantes en la economía colaborativa, pues en todo momento están naciendo novedades, como nuevas tecnologías ayudan a optimizar el trabajo. Esto da la oportunidad de aprender sobre innovación y además compartir conocimientos.

• Finanzas colaborativas: Hasta hace muy poco tiempo, si alguien quería financiación para sacar adelante un proyecto, debía acudir a los servicios tradicionales: pedir un préstamo, recibir ayuda de familiares o amigos. Hoy existen plataformas de crowdfunding o financiación colectiva creadas para hacer posible este deseo. Este modelo de financiación fue creado para conseguir dinero u otros recursos, para financiar esfuerzos e iniciativas de otras personas u organizaciones.

Centenares de millennials e integrantes de la generación Z experimentan el modelo de la gig economy o economía compartida por la flexibilidad y la libertad que ofrece el trabajo digital remoto.

La pandemia podría ser el catalizador que lleve a la evolución del trabajo en cualquier lugar, mejorando las oportunidades para crear y conectarse de forma productiva.

De cara a la postpandemia, su aporte será mayúsculo, ya que promoverá el desarrollo de proyectos, actividades y labores sin estar atados a un horario especial o a un espacio físico determinado.

Muchas de las personas que integran la economía colaborativa son emprendedores, o pequeñas y medianas empresas que pueden realizar su actividad desde la casa o lugares remotos, lo que les permite obtener ingresos en un modelo que podría contribuir a que Latinoamérica incremente las tasas de empleo e inclusión.

Este nuevo modelo está siendo potenciado por la creciente aparición de startups que trasladan parte de sus servicios a trabajadores de la economía colaborativa, que cuentan con productos o servicios que mejoran la calidad laboral de este tipo de trabajadores freelance. Su fórmula beneficia a todos los actores, a los usuarios, y además se ajusta de manera especial a las características de la población latinoamericana como una respuesta efectiva para la reactivación económica.

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