Los buenos modales como base para el trabajo en equipo

Los buenos modales no se tratan solo de ser cortés o de cumplir con unos protocolos de etiqueta, sino también de construir relaciones y crear un ambiente de trabajo positivo.

 

A menudo en el mundo laboral las personas se centran en su productividad y actividades rutinarias hasta tal punto en el que se olvidan de la importancia de los buenos modales. Tristemente he visto durante mis años como asesor, que muchas organizaciones no enfatizan en la importancia de la cortesía y el comportamiento en el trabajo, mientras que los equipos encargados de recursos humanos no llegan a abordar el tema con la relevancia necesaria para el éxito de un negocio.

Una de las características de un buen trabajo en equipo, es la capacidad de entender al otro más allá de la comunicación. Tener un sentido de empatía frente a las personas que lo rodean, puede ayudar a que nuestras actitudes sean más oportunas y acertadas, aun cuando los demás pueden no estar en su mejor momento. Los buenos modales no se tratan solo de ser cortés o de cumplir con unos protocolos de etiqueta, sino también de construir relaciones y crear un ambiente de trabajo positivo en el que se entienda que ante todo somos seres humanos.

Sabemos que por la rapidez y exigencia con la que se mueve el mundo actual, el ámbito laboral puede ser retador y ponernos en situaciones desafiantes que saquen lados poco deseados tanto en el manejo personal de las emociones, como en las decisiones éticas y morales que se tomen para lograr un objetivo. En este tipo de contextos, en los que el éxito se sobrepone a los valores, nos enfrentamos constantemente a pruebas en las que sus actitudes o decisiones pueden no ser las mejores, ante estas tensiones es importante recordar que el fin no justifica los medios y que los principios no tienen precio.

Para las organizaciones fomentar este tipo de conductas éticas es altamente gratificante porque los empleados que demuestran buenos modales y respeto por los demás están más dispuestos a ser considerados para los cargos de liderazgo, ser promovidos más rápidamente, y a su vez, suelen ser elegidos para las mejores asignaciones y tener más éxito en las negociaciones. Además, los empleados que se sienten valorados y respetados tendrán más motivación y estarán más abiertos a colaborar.

Los líderes:

Es común confundir la figura de un líder entre las distintas figuras de autoridad, muchos creen que un cargo, un apellido o un nivel adquisitivo los posiciona como alguien por encima de los demás y por ende un líder innato. Sin embargo, lo que realmente construye a un líder, es un conjunto de muchas características que inspiran a los demás y quien por medio de sus decisiones acertadas logra llevar a todo un equipo de personas a buen puerto.

Dentro de este tipo de cualidades que forman a un líder están los buenos modales. Pequeñas actitudes como dar las gracias, saber escuchar, respetar a todas las personas del entorno laboral, no solo hablan muy bien de su formación como persona, sino que influyen directamente en la forma en que se trabaja. En una encuesta realizada por FlexJobs a 1500 trabajadores, reveló que el 76% de los encuestados ha visto afectada su salud mental por el estrés laboral, siendo una de las causas más comunes del burnout y baja productividad en las organizaciones. Como líderes, uno de nuestros mayores aportes es el ejemplo mismo, pues como decía el Premio Nobel de paz, Albert Schweitzer, “Dar ejemplo no es la principal manera de influenciar a los demás, es la única manera”.

Al practicar unos buenos modales y seguir unas buenas prácticas, los líderes en cabeza de una organización pueden asegurar que el negocio, más allá de un buen desempeño económico, también dé una impresión positiva y hasta superior frente a la competencia, ya que este tipo de actitudes generan mayor confianza y son atractivas para los inversionistas a quienes se les permite ver aspectos más allá de los números. Algunos conceptos básicos a tener en cuenta en este tipo de situaciones son:

  • El respeto, en especial por el tiempo de las personas, la puntualidad y eficiencia en el manejo de los tiempos, evita que seamos vistos como que tenemos una actitud egoísta y desordenada.
  • La cortesía con todas las personas que hagan parte del entorno laboral, desde clientes hasta compañeros de trabajo, superiores y demás colaboradores, es una forma de darle valor a su trabajo e importancia para la organización.
  • Ser un buen oyente y evitar interrumpir a los demás, permite entender las necesidades o aportes de las partes, y ayuda a la resolución de conflictos.
  • Finalmente, cada persona se esfuerza por cumplir con una serie de expectativas, por lo que ser agradecido y mostrar aprecio por la ayuda o contribuciones, es una de las mejores retribuciones que como líderes podemos tener con los demás.

No podemos desestimar este tipo de valores que, aunque parezcan secundarios, o que son poco valorados, realmente tienen un espacio de gran importancia en la forma en que nos perciben los demás y resultan ser indispensables para el buen desempeño tanto individual como colectivo de toda una organización. Son este tipo de detalles en la forma en que nos comportamos los que marcan la diferencia y pueden llevar a un reconocimiento mucho más satisfactorio, el de hacer las cosas correctas.

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