Retos de los sistemas fiscales en Latinoamérica y el Caribe

Entre las fuentes de financiamiento de los Estados están los ingresos fiscales, el endeudamiento y la exportación de recursos no renovables, implicando el segundo pago de intereses y viéndose el tercero afectado por la baja de los precios internacionales, por lo que la política fiscal se convierte en la herramienta con la que cuentan los países para afrontar la crisis

Ya hemos hablado suficiente sobre las consecuencias que ha traído el nuevo coronavirus para las economías del mundo y en especial para Latinoamérica y el Caribe, contracción del 5,3% en 2020, tasa de desempleo alrededor del 11,5%, lo que implica cerca de 37,7 millones de desocupados, creciendo la pobreza en la región y afectando a más de 28,7 millones de personas adicionales y alcanzando un total de 214,7 millones de personas, el 34,7% de la población de la región.

Según un estudio presentado por la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal), la pobreza extrema aumentaría en 15,9 millones de personas adicionales y llegaría a afectar a un total de 83,4 millones de personas, el 13,5% de la población de la región.

Ante esta situación, el reto que tienen los gobiernos para los próximos años es la reactivación económica, debiendo ser óptimos en la generación de ingresos y en la administración de los mismos.

Dentro de las principales fuentes de financiamiento de los Estados están los ingresos fiscales, el endeudamiento y la exportación de recursos no renovables, implicando el segundo pago de intereses y viéndose el tercero afectado por la baja de los precios internacionales, por lo que la política fiscal se convierte en la principal herramienta con la que cuentan los países para afrontar la situación, producto de la crisis sanitaria de la pandemia.

Debemos tomar en cuenta que en 2019 la recaudación fiscal en la región sufrió rebajas importantes producto de las consecuencias mundiales de la Guerra Comercial entre EE.UU y China, generándose así déficits fiscales que han incrementado los niveles de endeudamiento público en América Latina al 45,2% del PIB (producto interno bruto).

Para que tengamos una idea del impacto de la recaudación tributaria, en 2019 el impuesto al valor agregado (IVA) en Latinoamérica representó el 6,0% del PIB y el 26,3% de los ingresos totales por este concepto, y el impuesto sobre la renta (ISR), el 6,1% del PIB y el 26,7% del total de ingresos.

Una de las principales causas de recaudación insuficiente en la región es la evasión fiscal. Según cifras de la Cepal, el incumplimiento tributario para 2019 se ubicó en 3,1% del PIB. Esta situación puede deberse a tres factores: la complejidad de los sistemas de recaudación de cara a los contribuyentes, la insolvencia financiera de los mismos para hacer frente a sus obligaciones tributarias, y a la acción deliberada de los obligados fiscalmente.

Casos especiales

Durante el mismo año, algunos países de Latinoamérica y el Caribe como Panamá, Trinidad y Tobago, Honduras, Costa Rica y Colombia implementaron medidas especiales de regularización tributaria de cara a aumentar sus niveles de recaudación con resultados satisfactorios, tales como: tasa reducida, condonación de intereses y multas. Aún con estas medidas, la evasión en materia de ISR total (incluyendo personas y empresas) fue sobre el 6,1% del PIB y la de IVA por encima del 2,3% del PIB.

Medidas fiscales asumidas durante la pandemia

A fin de aliviar a las personas naturales y jurídicas en el pago de impuestos durante la fase más fuerte de la covid-19, la mayoría de los países de la región implementó medidas de alivio y desgravación fiscal, lo que permitió que los contribuyentes tuvieran liquidez para destinarla a necesidades básicas.

Este esfuerzo fiscal representó, en promedio, un 3,2% del PIB de 2019 de los países de América Latina. El país que más afectó recursos fiscales en comparación con su PIB, porcentualmente hablando, fue El Salvador con el 11,1%, a nivel medio Panamá con 3,7% y el menor fue Haití con 0,2%.

En el Caribe, dicho esfuerzo representó el 2,3% del PIB, siendo la participación más importante la de Antigua y Barbuda con 4,4%, a nivel medio Santa Lucía con 2,0% y la menor Bahamas con 1,0%.

¿Qué hacer para mejorar los niveles de recaudación?

Según el referido estudio de la Cepal, para tratar este tema debemos hacer una distinción entre el ámbito nacional y el ámbito internacional.

En cuanto al primero, los gobiernos deben enfocar la inversión en recursos humanos y financieros y tecnologías de información, fortaleciendo la capacidad operativa de las agencias de administración tributaria y facilitar el cumplimiento voluntario. Hemos visto recientes ejemplos de mejoras en los sistemas tributarios para no solo hacerlos más amigables de cara al contribuyente, sino más eficientes en materia de recaudación, así tenemos:

Aplicaciones móviles y plataformas digitales: mediante la aplicación, los obligados pueden ver y aprobar su declaración. Chile y México son pioneros en la región. Otros países han incorporado este tipo de aplicaciones como Argentina, Brasil, Colombia y Perú.

Declaraciones prellenadas: Chile, Ecuador, Perú y México han sido los primeros en este tipo de implementaciones, ofreciendo un formulario con información del contribuyente extraída de diversas fuentes que han sido cargadas por el propio obligado.

Factura digital: consiste en simplificar y favorecer el cumplimiento de las obligaciones por parte de los contribuyentes, permitiendo tener un mejor control de todas las operaciones nacionales del mismo. Chile fue el primer país en implementarla en 2003, aunque no de manera obligatoria, seguido por Argentina que en 2007 la instauró de manera obligatoria. En los últimos dos años, otros países de la región como Bolivia, Colombia. Panamá, El Salvador, Honduras, Paraguay y República Dominicana se han sumado a esta tendencia como forma de fortalecer el cumplimiento tributario.

En el ámbito internacional, a pesar de que se observa una creciente participación de los países de la región en las principales iniciativas mundiales de contenido tributaria, se debe buscar un mejor aprovechamiento de las sinergias de cooperación internacional en materia tributaria y recurrir a la participación activa en distintas iniciativas internacionales que promuevan lo necesario.

Por último, debemos decir que en una política fiscal eficiente estará la base fundamental para la obtención de financiamiento de los gastos de los Estados de cara a la reactivación económica y a la atención de las necesidades derivadas de la pandemia de 2020. Ya hay un buen camino andado, solo queda pulir dichas políticas y darle seguimiento a las mismas.

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