Retos y desafíos al tercerizar procesos en el emprendimiento

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Gracias a la tercerización una pequeña empresa puede llegar a igualar los servicios de soporte interno que manejan las organizaciones más grandes.

La tercerización es un modelo que se aplica a la gestión empresarial con miras a mejorar la competitividad y participación en el mercado. A medida que una empresa crece, las alianzas y cooperaciones entre otras organizaciones y personas son un recurso que produce beneficios para las diferentes partes y potencia la misma actividad. 

Una de las principales preocupaciones que tienen las empresas en su proceso de crecimiento y consolidación surge cuando se plantean si tercerizar o no, algunos de sus procesos o servicios. Conocido también como BPO (Business Process Outsourcing), por sus siglas en inglés, esta tendencia frecuente que realizan compañías sin importar su tamaño o actividad. 

Con el ‘Outsourcing’ se busca complementar algún aspecto del negocio. Es posible que ese tercero cuente con la experiencia para suplir una debilidad que tenga la compañía y que gracias a su participación se puedan reducir costos, inversión de maquinarias o equipos, o que ayuden a mejorar la utilización de los recursos. A veces este tipo de recursos es utilizado para atender aspectos administrativos, logísticos, financieros, legales o tecnológicos.

Gracias a la tercerización una pequeña empresa puede llegar a igualar los servicios de soporte interno que manejan las organizaciones más grandes. Da acceso a una economía de escala, eficiencia y experiencia, factores fundamentales para el crecimiento y consolidación del negocio. 

Uno de sus grandes beneficios es que convierte los costos fijos en variables, libera capital para la inversión en otra parte de su negocio y le permite evitar grandes gastos, sobre todo, en las primeras etapas del negocio.

Quizás cuando desarrollaste ese primer plan de negocio no estaba contemplado contar con un aliado; sin embargo y en la búsqueda por aumentar las eficiencias y la productividad puede resultar una decisión atractiva. Pero también, ten cuidado. No todo se puede delegar y tampoco resulta estratégico hacerlo hasta el punto que pierdas la autonomía sobre el negocio y su real propósito.

La necesidad de buscar nuevos mercados, atender un mayor número de clientes, fortalecer el portafolio de servicios y ampliar la capacidad de respuesta son argumentos atractivos para incluir algún modelo de tercerización en los proyectos.     El mensaje está claro, toda alianza o subcontratación que busque potenciar los objetivos de la organización y en ayudar a su óptimo cumplimiento es un beneficio.

Toda actividad empresarial conlleva el inevitable factor del riesgo. La competencia, la oferta y la demanda, temas regulatorios, el comportamiento de los mercados, eventos tan contundentes como ha sido la pandemia que hemos vivido en el último año y medio producto del Covid-19, y el continuo cambio y actualización de las tecnologías entre otros elementos generan cierto temor. Contar con uno o varios aliados en un emprendimiento y mucho más durante los primeros años, ayuda a gestionar y compensar esa fragilidad y permite dar los pasos de una manera segura y protegida.

Sin embargo, también existen algunas variables; la dependencia operativa, la pérdida de la libertad para negociar con un cliente, fijar un precio y establecer la fecha de entrega de un pedido o que la evolución de la empresa derive del comportamiento de ese socio. En el momento que esta línea se pierde, quedará comprometido su aporte.

Especializarse en donde el negocio realmente es único, diferente, en aquello que motivó su origen y que hace que valga la pena el trabajo y esfuerzo de cada día es lo que hace que los emprendimientos se consoliden con el paso de los años. Las alianzas, y la tercerización de proceso son una gran oportunidad para lograr este objetivo, siempre que tengamos la habilidad para salvaguardar esa primera idea.

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