La fuga de talentos es un enemigo de la economía en Latinoamérica

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Con la fuga de talentos los países pierden el capital invertido en educación y se coarta el ciclo de la productividad con profesionales que deberían sumarse al aparato económico; es decir, hay una clara pérdida de competitividad

Una de las grandes preocupaciones de nuestros países es la continua fuga de talentos hacia otros más desarrollados y donde se tengan mejores oportunidades de crecimiento tanto personal como profesional. Ante la crisis que ha dejado la pandemia, el tema de la fuga de cerebros o de talentos toma una gran relevancia, ya que la cantidad de desocupados laboralmente, además de aquellos que deseen mejorar sus ingresos y calidad de vida mirarán en Europa y el norte de América una posibilidad de realizar este sueño.

Recientemente, el Reino Unido presentó el ‘Barómetro de Movilidad Social 2021’, en el cual se brindan las percepciones de la población en cuanto al impacto de la pandemia, quiénes han sufrido, y qué debe hacer el gobierno y otros organismos.

Algunos de los hallazgos de la encuesta sobre cómo la sociedad cree que el brote de covid-19 ha afectado la movilidad social, concluyen que más de la mitad considera (56%) que la pandemia ha aumentado la desigualdad social; el 55% de los adultos considera que ha tenido un mayor impacto en la salud mental; cuatro de cada cinco adultos (79%) sienten que ahora existe una gran brecha entre las diferentes clases sociales; solo una de cada cuatro (25%) personas de grupos minoritarios étnicos y de raza negra opina que vivimos en una sociedad justa; un número cada vez mayor de personas piensa que los empleadores deberían tener que tomar medidas para mejorar la movilidad social. Quizás estas percepciones se repitan a lo largo del globo terráqueo, pero con mayor acentuación en nuestra región.

La razón predominante por la que nuestros talentos escogen otros países para emigrar es la posibilidad de movilidad social o las oportunidades que tienen las personas para cambiar su posición y escalar a lo largo de la estructura socioeconómica.

Básicamente este concepto mide la igualdad de oportunidades de una sociedad, dicho en otras palabras, estima el número de generaciones que le llevaría a una familia que nace pobre, alcanzar un ingreso medio.

Según el ‘Reporte de movilidad social’ del año 2020 elaborado por el Foro Económico Mundial, el país con mejor índice es Dinamarca, seguido de Noruega y Finlandia.

Estados Unidos se encuentra en la posición 27 y España en la número 28.

Según cifras de la OIT, Latinoamérica y el Caribe marcan un récord histórico de más de 41 millones de desempleados, como consecuencia de la pandemia.

Por el lado de nuestra región, encontramos a Uruguay en la posición 35, seguido de Costa Rica (44), Chile (51), Ecuador (57), México (58), Panamá (63), Colombia (65) y Perú (66), entre los mejores puntuados.

Los indicadores que se tienen en cuenta para este ranking de movilidad social son: ingreso y nivel de educación; atención sanitaria, acceso a la tecnología, oportunidades de empleo y salarios justos.

Según David McKenzie, economista principal del Grupo de Investigación sobre Desarrollo, Unidad de Desarrollo de Finanzas y Sector Privado del Banco Mundial (BM), la fuga de cerebros, en cifras globales, está creciendo. El informe presentado revela que el número de inmigrantes desde nuestra región hacia el norte aumentó de 14 millones de personas en 1960, a 60 millones en 2000.

La fuga de talentos y su realidad en Latinoamérica

El BM presentó un estudio según el cual más de 30 millones de latinoamericanos actualmente residen en países distintos de su país de origen, es decir, un 5,2% de la población, y si hablásemos de los países del Caribe, más del 70% de los profesionales cualificados emigran en busca de mejores oportunidades.

La lista de los países de la región con mayor número de emigrantes se encuentra liderada por Argentina, Venezuela, México, Brasil, Costa Rica, República Dominicana, Ecuador, Chile, Paraguay y Bolivia. La mayor parte de estos talentos emigrantes, en promedio un 90%, busca como destino final los países de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) con mayores ingresos.

Recordemos que los países que integran la OCDE son: Alemania, Australia, Austria, Bélgica, Canadá, Chile, Colombia, Costa Rica, República de Corea del Sur, República Checa, Dinamarca, República Eslovaca, Eslovenia, España, Estados Unidos, Estonia, Finlandia, Francia, Grecia, Hungría, Islandia, Irlanda, Israel, Italia, Japón, Lituania, Luxemburgo, Letonia, México, Noruega, Nueva Zelanda, Países Bajos, Polonia, Portugal, Reino Unido, Suecia, Suiza y Turquía.

Una de las principales razones por las que el número de fuga de talentos tenderá a aumentar en esta era de pandemia es el nivel de desempleo que la misma ha potenciado.

Según cifras del la Organización Internacional del Trabajo (OIT), Latinoamérica y el Caribe marcan un récord histórico de más de 41 millones de desempleados, como consecuencia de la pandemia.  Según la OIT, Chile, Brasil, México y Colombia son los países más afectados de la región.

La lista de los países de la región con mayor número de emigrantes se encuentra liderada por Argentina, Venezuela, México, Brasil, Costa Rica, República Dominicana, Ecuador, Chile, Paraguay y Bolivia.

Panamá

En el caso de Panamá, según cifras presentadas por el Ministerio del Trabajo y desarrollo Laboral (Mitradel), la tasa de desocupación laboral se ubica a junio de 2021 en un 20% y la tasa de empleo informal llega al 52%, es decir, poco más de unas 777 mil personas.

Otras razones, aparte del desempleo, que inciden en la fuga de talentos de nuestros países son: un mercado laboral más atractivo, mejoras salariales, la poca perspectiva de crecimiento, remuneración pobre y falta de incentivos, mal “clima laboral” o incompatibilidad con la cultura de la empresa, conflictos culturales y malas relaciones interpersonales en una empresa, trato inequitativo, crisis profesional, crisis social, entre otros.

Si hablásemos de los millenialls, según una encuesta de Deloitte en 2020, las razones fundamentales por las que habrían detenido su relación laboral fueron: el impacto negativo de los productos con relación al medio ambiente (27%), posición en materia de diversidad e inclusión (20%), relación del pago que se proporciona a los ejecutivos en comparación con el del empleado promedio (29%), posición del CEO en cuestiones políticas (24%), y, el monto que pagan en impuestos versus sus ingresos reales.

Estas razones obviamente incidirían en la fuga de talentos de las personas que integran esta generación, quienes, como el resto, buscarían mejoras personales y profesionales en otras latitudes.

Las consecuencias para los países a raíz de la fuga de talentos pueden ser, entre otras, que el Estado pierde el capital invertido en la formación de la persona; no se aprovecha la productividad de los profesionales capacitados; no habría incentivos para que profesionales de otros países vengan a los nuestros para transmitir sus conocimientos; los países afectados podrían ver disminuidas sus capacidades productivas y se verían en situaciones de desmejora en el mercado.

En la medida en que los Estados y las empresas tomen conciencia de lo afectados que estamos por salida de jóvenes talentos y se desarrollen políticas adecuadas para su retención, tales como salarios justos y un salario emocional, es decir, reconocimiento personal, flexibilidad horaria, lugar de trabajo agradable, favorecer una vida sana, así como condiciones laborales justas, un trato inclusivo e inversión en capacitación, nuestros talentos verán oportunidades de crecimiento en sus países de origen y coadyuvarán a los Estados a su reactivación económica y al desarrollo de cada país.

El autor es cofundador y CEO de la multinacional Trust Corporate

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